Después de un fenómeno devastador, las personas sufren un estado de
shock que paraliza. Se pierde la noción de la situación, divagamos, la mirada
se ve perdida. El corazón se retrae como para minimizar el dolor. El cuerpo
queda aletargado, insensible, impotente.
Porque ese suceso violó nuestra intimidad, nuestra libertad; faltó
al respeto a nuestro devenir cotidiano, nos arrebató la tranquilidad y nos
privó de caridad.
Después todo queda sin pies ni cabeza, sucio, mal oliente, en desorden y
con riesgo de sufrir enfermedades y epidemias si no se toman las medidas
oportunas de salubridad.
Una vez transcurrido la tragedia, la gente ya no es la misma. El miedo
crece, la incertidumbre aflora y la confianza se pierde. Y podremos carecer o
perder muchas cosas, humanas y materiales, pero cuando la confianza falta, ya
poco nos queda.
Ahora es tiempo de recuperarse, de volver a uno mismo.
Empieza la reconstrucción y recuperación de los espacios. Antes de
limpiar habrá que aprovechar para deshacerse de lo inservible, de lo caduco,
podrido e inútil. Dolerá, sí, pero bien dice el dicho que para que llegue lo
nuevo hay que botar lo viejo, y fenómenos naturales como el sufrido pueden ser
una forma ruda pero efectiva de hacerlo ante nuestra incapacidad en tiempos
mejores.
Y así comienza un ensimismamiento y análisis de lo ocurrido. Llegarás a
culparte y juzgarte. Te lamentarás por lo que hiciste o dejaste de hacer y esa
marejada de sentimientos podrán atraer la rabia y resentimiento que debe ser
contenido si no se quiere desencadenar un caos igual o peor al de la
naturaleza, ya sea en el exterior contra los demás, o en tu interior y hundirte
en depresión.
Nunca más necesario un reordenamiento de la vida. Pero para eso primero
hay que sentarse a la reflexión y organizarse empezando por una limpieza de
traumas y resentimientos. Es momento de salvar lo salvable y limpiar
exhaustivamente todo para que quede hermoso, agradable y listo para renacer.
Volverá entonces la armonía, el compromiso y el respeto.
Los miedos desaparecerán, las dudas se disiparán y un nuevo orden
restablecerá la confianza. Y aunque el recuerdo nunca se irá, no será doloroso
sino esperanzador.
Y como siempre, de
nuevo saldrá el sol.
Dedicado a todos aquellos quienes han sufrido los embates de la naturaleza.
@RodMndz
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