Sucesos impactantes en la vida pueden ocasionar modificaciones en nuestra conducta o a la hora de tomar ciertas decisiones. Personalmente, siempre me ha acompañado la idea de hacerme un tatuaje.
Entiendo que el tatuaje trae consigo una serie de posicionamientos sociales. Esta práctica puede ocasionar que la gente haga juicios, muchas veces fundamentados en mitos o percepciones equivocadas.
En regiones como Borneo o la Polinesia, se acostumbraba realizarse tatuajes de una complejidad extrema, llena de trazos geométricos simétricos, los cuales medían la belleza de aquellos por su cantidad de dibujos en el cuerpo. Mientras más tuviera, más bello era. A diferencia de los asentamientos nativos de Norteamérica y culturas mesoamericanas, en donde el tatuaje cumplía como práctica religiosa y mágica, al ser este lo que permitía al alma superar los obstáculos en su camino a la muerte. Por otro lado, en la antigua Roma, Grecia y en las rutas mercantiles de la India, China y Japón, el tatuaje era usado como marca de castigo.
Por el año de 1870 en Nueva York, se estableció el primer estudio de tatuaje, y se conoció a C. H. Fellows como el primer tatuador profesional. En 1891, su principal competencia, Samuel O’Reilly inventó la primera máquina para tatuar basada en un invento de Thomas Alba Edison.
Pero no fue sino a partir de 1970 en Europa y Estados Unidos, que con el nacimiento del rock, punk y otras corrientes alternativas, que la cultura del tatuaje surgió con fines estéticos y rebeldes, principalmente en las clases media y alta.
Actualmente la cultura del tatuaje es una práctica cada vez más arraigada en la sociedad. La apertura, higiene y postura artística con la que se ha convertido el tema, ha hecho que se le pierda el miedo. Ha dejado de ser mal visto por la mayoría para tomarse como una posibilidad más de accesorio en el abanico de nuestra vanidad, ego e incluso en la espiritualidad.
En mi experiencia personal, la idea de traer tatuado a mi padre, representado en su signo zodiacal y animal favorito, el león, me ha estado rondando la cabeza desde el día de su muerte hace casi dos años.
Lo que me parece importante destacar, es que el tatuaje en sí, no es más que una forma muy personal e individual de expresión. Un tatuaje no nos hace pandilleros, ex convictos, rockstars o mutantes. Alguna vez alguien me dijo que un tatuaje para los demás puede parecer solamente un dibujo o una imagen, pero para ti puede significar toda una historia.
La mejor decisión, es la que tomes de corazón.