8:30 a.m de cualquier día de la semana.
Llego a la oficina, preparo mi café y enciendo el computador. Abro Hotmail para consultar mi bandeja de correo electrónico, después Facebook para checar las invitaciones de amistad, notificaciones y mensajes. Me tomo unos minutos para contestar y ver algunas fotos y comentarios de mis amigos. Por último, ingreso a Twitter para ver menciones, direct messages y enterarme de las noticias, o en su caso chismes, que bombardean mi TL. Una vez terminado este ritual, y sólo si no se me atravesó algún video divertido en YouTube o alguna web page de mi interés, comienzo con mis labores diarios en el trabajo, eso sí, sin despegarme de la computadora, que me es útil en mi cotidiano laboral.
Y mientras pienso y escribo esto, me viene a la mente mi hijo. Sí. Aquel ser pequeñito que comparte mi sangre y que cariñosamente lo llamo “cabeza de cerillo”, por la tonalidad rojiza de su cabello. Pienso en los mundos tan completamente distintos en los que nos desenvolvemos; yo como asesor de social media de una empresa, inmerso ocho horas diarias en internet, y él, que en estos momentos debe de estar por ahí, en su kínder, brincando de un lado a otro, o en el peor de los casos, jalándole las colitas a alguna compañerita, como no lo han reportado algunas veces sus maestras, pero estoy seguro más por curiosidad que por maldad.
Pienso en esto un poco (porque sí pienso), y caigo en cuenta de que a pesar de todo, la tecnología se ha vuelto parte de nuestra vida en todos los niveles, cada vez somos más dependientes a ella en nuestros quehaceres diarios. Así como yo, estoy seguro que muchos padres se sorprenden de la habilidad que tienen nuestros hijos para asimilar la tecnología, pareciera que las nuevas generaciones trajeran instructivo. Sólo basta que tengan cualquier tipo de dispositivo en sus manos, para que de inmediato empiecen a manejarlo con toda naturalidad, al vaivén de sus pequeños deditos entre ruiditos y carcajadas, sentados en el rincón.
Natural es, que más niños se interesen en pertenecer a alguna red social, muchas ya diseñadas especialmente para ellos. El Bing Bang tecnológico virtual alcanzó también a este nicho, y son diversas las redes que ponen a su disposición aplicaciones en donde pueden desarrollar habilidades, interactuar y aprender. Ejemplo de ellos es Club Pinguin (diseño de avatares), KinsTube (videos infantiles), Webkings (chats), por nombrar sólo algunos.
Mucho se ha hablado en todos los medios del lado negativo de las redes sociales, el mal uso de éstas crea preocupación en los padres ya que es muy fácil encontrar grupos y personas que difunden pornografía, violencia, racismo, etcétera. Sin embargo creo que las redes sociales tienen mucho más beneficios no sólo para los adolescentes y adultos, sino también para los pequeñines. Lo importante será siempre mantener una constante comunicación, monitorear el tiempo que pasan en ellas y encaminarlos a darles un uso responsable y adecuado.
Creo también que mientras a más temprana edad inculquemos a los niños el uso inteligente de la tecnología, más rápido harán conciencia de su utilidad y mayores herramientas tendrán en su desarrollo social y educativo… aunque en estos tiempos, no estamos hablando de un tema de gusto o lujo, sino de un asunto necesario, incluso se ha convertido en un derecho que hay que exigir.
@RodMndz
