8 de junio de 2011

Refleacción / La Parca es Narca.


Como un cáncer que crece en tu organismo, el narco y las organizaciones delictivas se apoderaron del tejido interno social de nuestro país. Lentamente, bajo la protección y la complicidad de funcionarios, gobiernos, políticos y los mismos ciudadanos, de cualquier preferencia política, religiosa o estrato social, el crimen organizado ganó terreno hasta convertirse en una cúpula más de poder, capaz de inferir en las decisiones y los intereses de toda una nación. Y por muchos años, no hicimos nada.

Hoy día vivimos una guerra. Diariamente estamos expuestos a notas de prensa, comentarios de gente cercana o incluso muchos en carne propia, de las esquirlas provocadas por la lucha contra el narcotráfico. En un principio era una lucha deseada, valiente; hoy la percepción se respira diferente.

Surgen dudas sobre si fue una buena decisión declararle tan abiertamente la guerra al crimen bajo la premisa que de que una guerra si no se gana, se pierde; no hay medios chiles. Cuestionamos si la estrategia utilizada por el gobierno federal fue la correcta y muchos incluso, anticipando cualquier desenlace, pronosticaron su fracaso.

En el transcurso de este sexenio bajo el liderazgo de Felipe Calderón, se han destinado la mayoría de los esfuerzos y recursos a este combate, el cual, como cualquier guerra, ha causado bajas tanto de los buenos, como de las mismas células cancerígenas que han carcomido a nuestra sociedad. Y haciendo el recuento de los daños, van más de 60,000 muertes derivadas de esta lucha, entre los que se encuentran criminales pero también jóvenes, mujeres, niños y periodistas inocentes.

Human Rights Watch (ONU) ha documentado que esta lucha también ha generado un aumento en la violación de los derechos humanos, y esta misma operación provocó la migración de cárteles y grupos delictivos a regiones, estados y ciudades en los que el estilo de vida antes era seguro. Ya no quedan oasis en el infierno.

Una estadística menciona que en poco más de 3 años de este gobierno, se han suscitado 220,000 detenciones por nexos ligados al crimen organizado, de los cuales 3/4 partes han salido en libertad por falta de pruebas y sólo el 5% han podido ser juzgadas y procesadas. Esto no sólo desilusiona a la sociedad sino que ahora muchos se vuelven detractores de aquel apoyo que algún día le dieron al presidente, cuando se les dijo que la lucha garantizaría la seguridad para sus familias.

La guerra conlleva muerte, y la muerte crea pánico. Esto podrá ser digerido y asimilado por un militar o por un funcionario dando órdenes desde un bunker, pero para la gente que vive la corrupción, la inseguridad y la falta de oportunidad día con día, es una cruz más que debe cargar y empieza a cansarse.

En mi opinión la intención del gobierno federal no es mala. Sin embargo creo que faltó integralidad en la estrategia. Si más recursos se hubieran destinado en educación, en campañas de concientización, oportunidades y empleo, la guerra pudiera haberse desarrollado en un contexto menos trágico. Entiendo que la decisión se basó en un impulso, en las ganas de legitimizar un gobierno con ganas de ser heroico. Pero la falta de tacto ha cambiado la percepción que se vendió en campaña del “Presidente del empleo” a, el “Presidente de la inseguridad”, con un saldo hasta el momento bastante negativo.

El objetivo es claro: Acabar con el crimen organizado. ¿Es esto posible en la práctica? No lo sé. ¿Un sexenio es suficiente? No lo creo. Pero de los que sí estoy completamente seguro, es de que, este proyecto debe combatirse entre todos con un mismo compromiso por México, sin intereses partidistas o de grupo. Sin esto, simplemente, estaremos cometiendo un suicidio.