El Guardían
Como todas las noches, hago mi ronda… me acerco a la ventana y mis sentidos me dicen que pronto amanecerá. Deben de ser las 5 o 6 de la mañana. Sigue estando oscuro y todos los demás están acurrucados en sus rincones, dormidos. Allá arriba, todo parece estar en calma. A mis amos les costó un poco acostar al pequeño, pero hace tiempo que no escucho ningún sonido, señal de que también debe estar durmiendo.
Al instante en que en mi mente termino la frase, veo una sombra tras la cortina, entrando por la ventana del frente que quedó semiabierta. Me detengo helado. Sea lo que sea no debe tener buenas intenciones. Miro a mi alrededor en espera de que algún compañero haya visto algo y me hiciera compañía, pero es inútil… estoy solo en esto.
El intruso bajo la ventana y se ocultó en la esquina del comedor, tras la gran silla de la cabecera. Camino con sigilo por el otro lado, agazapado, tratando de emboscarlo y arrinconarlo. Tengo miedo pero tengo la esperanza de que en cuanto empiece la pelea mis compañeros vendrán a mi auxilio, no tengo más remedio que ser el primero en atacar.
Me interno entre las patas de las sillas, esperando ubicar al extraño, pero no logro verlo por la densa oscuridad… si tan sólo mi amo bajára como otras noches por un vaso de agua, prendería la luz. Seguramente saldría de inmediato, como alma que lleva el diablo.
La cortina se mueve, ahora estoy seguro que se esconde tras de ella, en la esquina. Es el momento de atacar. Bajo mis orejas, saco mis garras y empiezo a correr hacia mi objetivo, pero en el momento que me encuentro listo para saltarle encima, la cortina se abre y ante mí, una enorme bestia aparece como un fantasma. Voy en el aire al encuentro de un mounstro, jamás vi algo igual. Todo el tiempo me estuvo engañando, me hizo creer que era yo quien lo emboscaba, cuando lo único que hizo fue esperar a que yo diera el primer golpe para contraatacar.
¿Pero qué acaso tengo otra opción? ¿No es esa mi función en esta manada? Les debo mi vida a estos humanos, quienes primero no sólo sacaron de la calle a mi madre, sino que se hicieron cargo de mí y de mis hermanos todavía después de que madre perdiera la razón. Por azares del destino me tocó quedarme con ellos y me han cuidado, protegido y alimentado todo este tiempo. Y como el único macho cuadrúpedo de la manada es mi deber defenderla, ya que la pequeña felina Cleo, la anciana Tripa, la perra Manchas encerrada en el patio, mis amos dormidos arriba y el pequeño bebé humano, no están en condiciones de ayudarme. El destino me puso a mí solo en esto, y yo solo debo de luchar esta batalla.
Aprieto los dientes y lanzo un zarpazo… Siento como mi primer golpe da en el blanco pero un intenso dolor en la pata trasera me desarma y caigo al piso. Mi rival notablemente herido sale huyendo por la ventana a una velocidad que me impide ver a que me enfrenté, creo que nunca lo sabré. La adrenalina es bombeada a mil por hora por todo mi cuerpo e intento levantarme pero un intenso dolor me obliga a detenerme. Me siento y noto un charco de sangre junto a mí. En la oscuridad me es imposible saber si es mía o de mi rival, así que como puedo me arrastro hasta donde un rayo de luna ilumina el sillón de la sala y subo para examinarme.
Desde arriba lo que veo me deja frío. He dejado una estela de sangre en mi recorrido hasta aquí. Espero que mis amos no se enojen por esto. La bestia logro hacerme una herida profunda de dos trayectorias en mi pata trasera y empiezo a sangrar alarmantemente. Intento lamerme para ver si puedo detener el flujo que es demasiado, pero me ahoga. Tengo que buscar ayuda.
Nóto que estoy perdiendo mucha sangre, me arrastro hasta el estudio y luego hasta el pie de las escaleras. Sé que arriba mis amos podrán ayudarme, pero están dormidos y mis aullidos serán en vano si no llego hasta su recámara, y si espero hasta las 7 que bajen para irse a trabajar siento que puede ser ya muy tarde. No tengo otra opción, debo subir las escaleras.
Es imposible tratar de explicar el dolor que sentía con cada paso. Mis aullidos debieron escucharse en toda la colonia. Me detengo sin fuerza frente a la cama de mis amos; he dejado un grotesco camino pintado con sangre en toda mi trayectoria. Después de varios intentos se despertaron y vieron la terrible escena. Yo, bañado en sangre, mareado y desvanecido a sus pies.
Ahora estoy bien, mis amos me hicieron un vendaje y me llevaron a la veterinaria, espero recuperarme pronto ya que a pesar de todo… sigo siendo el guardían de la casa.
Dedicado a mi gato.