Debo aceptar que una de las decisiones más importantes que he tomado este año fue la de cambiar de compañía de televisión por cable. Si hay algo en lo que estoy completamente en contra es del amarillismo y la ventajosa forma en que Televisa y TVAzteca sacan provecho sobre temas que golpean a nuestro país; sin mencionar los pobres y desgastados contenidos que su programación ofrece. Afortunadamente Dish, me libró de estas dos compañías. Ya que una cosa es informar y otra muy distinta es la de inferir en la información, manejándola a modo, para vender pautas o incrementar ratings. Penoso, pero cierto. Por lo menos en mi humilde opinión.
Además, para que habría de querer informarme por televisión de temas que están en boca de todos. Sólo basta el ingresar a Facebook, Twitter, Google o Youtube para enterarse de cantidad de noticias y hechos alrededor del mundo; noticias que por cierto, en su mayoría, uno no quisiera enterarse. Porque eso sí, debes navegar, que digo navegar, bucear en la web para encontrar buenas noticias, pero las malas, llegan y te abofetean días con día.
Como dicen, las buenas noticias hay que hacerlas, buscarlas. Las malas llegan solas.
Si no pregúntenle a un japonés. Japón con una cultura ejemplar, trabajadora. Leales, impregnados de tradiciones y de espíritu honorable. Tercera economía del mundo, líderes en temas de tecnología y energía nuclear, que no han perdido sus valores ni tradiciones.
¿Cuánto sufrimiento hay tras todos esos logros como país? ¿Cuántas guerras y sangre de su pueblo? ¿Cuánto trabajo y esfuerzo hay detrás de ese noble y gran nación?
Sin embargo, a la madre naturaleza le importó poco. Una serie de fenómenos naturales bastaron para sacudir a un país entero, haciéndoles ver que no hay cultura o sociedad, por más honorable o perfecta que esta sea, que sea inmune a los caprichos del planeta.
Pero a pesar de esto, difícilmente encontramos noticias de saqueos, robos, falta de unidad o delegación de culpas. Los japoneses siguen unidos ante el caos al igual que lo eran en su época de máximo esplendor. Gente tendiéndose la mano, compartiendo lo poco que le quedó tras el sismo y tsunami, voluntarios para labores que ponen en peligro sus vidas. La nación es primero. Ejemplo sin duda de cómo se debe actuar ante la adversidad.
¿Y en México, mientras tanto, qué hacemos? Secuestramos, asesinamos, extorsionamos, criticamos, somos indiferentes, apoyamos a dirigentes por conveniencia, tiramos basura, pisamos al prójimo para llegar primero o lo jalamos de los pies para no dejarlo crecer.
Muchos me dirán que exagero, o que nuestro país también es unido. Cierto. Somos un país unido. Pero para poder unirnos necesitamos tragedias, necesitamos inundaciones, necesitamos desastres, necesitamos mítines,necesitamos teletones, necesitamos revoluciones. No somos capaces de unirnos para ayudar por el simple gusto de ayudar… sin antes pensar ¿por qué tú y no yo? Lo vemos diariamente con los políticos. No hace falta ni siquiera profundizar en esto.
Con tristeza veo en lo que mi país se ha vuelto y no veo una pronta solución por más que busco… pero con alegría puedo decirte, que al verte a los ojos, siempre noto una luz de esperanza.