Empieza la expedición.
Desde que mi madre y mi padre se acostumbraron a mi presencia, me he sentido un poco como muñeco de juguete. No quiero decir que mis papis se hayan enfadado de mi, que sea una carga pesada, o que este interfiriendo con su vida de pareja; y mucho menos quiero suponer que hayan dejado de amarame. ¡No!. Pero siento que al paso de los primeros meses de mi vida hemos alcanzado el punto en el que logramos un ritmo, las cosas pasan y fluyen de manera casi automática.
Sentado aquí sobre la colchoneta que mi papá pone para que pueda gatear sin golpearme contra el piso, pienso en que debo, a mis escasos ochos meses de edad, de ayudar para que esto sea diferente. Me he dado cuenta de que tengo la capacidad de pensar, intuir e incluso imaginarme cosas. Bostezo. A propósito, hace 5 minutos que me terminé mi biberón de mediodía y mis ojitos empiezan a cerrarse. Los rayos del sol entran por la ventana. Tengo mucho sueño. Creo que me echaré hacia atrás sobre la almohada para recostarme un poco y seguir pensando...
...de súbito, un ruido alerta a mi inconciente y hace que mis ojos se abran de repente.
Me encuentro acostado sobre mi espalda y veo un cielo azul limpio e inmenso. No logro ubicar ni una sola nube. Siento como un calor abrasador quema mi piel, y me preocupa que mi mami no este cerca para ponerme como siempre mi bloqueador solar. Vuelvo a escuchar ese sonido que me hizo despertar. Con un esfuerzo grande para mi, logro sentarme y lo que veo me encoge hasta mis entrañas.
Estoy sobre una fina arena color blanca, caliente, en medio de un desierto que parece no tener fin. Busco de inmediato el origen del sonido a mi alrededor. Necesito encontrar un sitio para protegerme del sol y averiguar como diablos llegue hasta este lugar.
Empiezo a arrastrarme. El pesado calor me tiene adherido al suelo, avanzo unos metros; me cuesta poder levantar la cabeza. Inesperadamente siento que algo a mis espaldas se mueve. Su sombra proyectada me dice que es un animal de gran tamaño pero aún indescriptible, pero logro ver que mantiene su sigilo andando en cuatro patas. En el momento en que percibo su presencia de nuevo, y con un movimiento rápido y arriesgado doy un giro con la poca fuerza que tenía y aprieto la quijada mientras con un manotazo intento golpear a mi acechador y de una ves por todas salir de la angustiante duda.
Pero antes de poder terminar el giro y de ver a esa bestia que estaba seguro esperaba el momento de mi renuncia debido al cansancio y al calor para devorarme, un enorme velo me cegó dejándome en completa oscuridad. Sentí como unas garras afiladas me tomaban y me arrastraban hacia un lugar desconocido y empecé a gritar desesperado esperando que alguien pudiera escucharme y acudir a mi auxilio.
-¡Mi amor, puedes ir a la sala. El bebé está llorando!-
-Si mi vida, está sobre la colchoneta, pero se echó la mantita encima y el gato se puso a jugar con él.-
Alguien me libra de la oscuridad. Extrañado miro hacia arriba y veo a mi papá riendo a carcajadas, porque al parecer quedé envuelto en mi manta de dormir sin poder librarme yo solo, y El Gordo, el gato de la casa, creyó buena idea entretenerse lanzándome zarpazos.
Por un instante permanezco inmóvil. Analizo la situación buscando alguna respuesta. Sonrío a mi papi y de repente lo entiendo todo. Lo que me sucedió fue producto de mi imaginación. Fui capaz de viajar a un mundo irreal y regresar. Creo que puedo usar esto a mi favor. Será el inicio de muchas aventuras.