Secuestro en la Caverna.
Despierto. Estoy envuelto en la más densa y temible oscuridad. Saco mi mano de entre el manto en que aquella bestia me envolvió tratando con mi tacto de decifrar el lugar a donde fui arrastrado. Percibo pequeñas rocas afiladas, tierra fría y húmeda pero nada más. No se cuanto tiempo estuve inconsciente. No percibo ningún ruido, ni un solo movimiento.
Con dificultad logro incorporarme. Deslizo lentamente el manto quedando al fin libre, y de inmediato una suave brisa acaricia mi rostro. Advierto que debe haber una salida cerca por donde entra el aire, pero aún me veo en una angustiante oscuridad. Me pongo de pie y mi cabeza golpea el techo de roca. Uso mis manos para que me guíen por el lugar. Avanzo sin dirección esperando encontrar la salida.
Conforme avanzo empiezo a distinguir una tenue luz al final de la caverna. Huelo humo y carne quemada. La luz es irradiada por una pequeña hoguera, lo que me alerta. La bestia debe de estar cerca. Me detengo pensando en que será de mi destino y me veo en la coyuntura de quedarme en el olvido o de seguir adelante y enfrentar a esa bestia que me tiene cautivo. Decido seguir. Tomo una roca del camino como arma, sabiendo que a juzgar por la fuerza y el tamaño de mi adversor será inútil cualquier suerte para derribarlo.
Llego a la entrada de lo que parece ser una habitación y me detengo. Veo pieles en el suelo junto a la hoguera. En un rincón se apilan un montón de huesos rotos y roídos. No hay señales de la bestia.
Invadido de miedo entro a la habitación, y empiezo a buscar alguna pista que me ayude a escapar de ese lugar. Tomo un pedazo de carne seca tirada junto al fuego y la examino. He pasado bastante tiempo sin comer y sería capaz de comer cualquier cosa. Cierro los ojos y el instinto de supervivencia ordena a mi brazo llevarme el trozo a la boca.
-No querrás comerte eso amigo. Tiene días en descomposición y seguramente enfermarás. Un lujo que no puedes darte en estos lugares-. Murmura una voz que proviene de la misma habitación a la vez que mastica un bocado.
Siento como un sudor frío corre por mi espalda y me encojo de hombros. Detrás mío estaba la bestia que me había atacado, y había dejado la roca con la que podría defenderme en el suelo para recoger el trozo de carne. No había más que hacer, debía enfrentarlo sea cual fuere mi destino. Dándome por vencido, lentamente doy la media vuelta, y lo que veo me deja sorprendido.
Llego a la entrada de lo que parece ser una habitación y me detengo. Veo pieles en el suelo junto a la hoguera. En un rincón se apilan un montón de huesos rotos y roídos. No hay señales de la bestia.
Invadido de miedo entro a la habitación, y empiezo a buscar alguna pista que me ayude a escapar de ese lugar. Tomo un pedazo de carne seca tirada junto al fuego y la examino. He pasado bastante tiempo sin comer y sería capaz de comer cualquier cosa. Cierro los ojos y el instinto de supervivencia ordena a mi brazo llevarme el trozo a la boca.
-No querrás comerte eso amigo. Tiene días en descomposición y seguramente enfermarás. Un lujo que no puedes darte en estos lugares-. Murmura una voz que proviene de la misma habitación a la vez que mastica un bocado.
Siento como un sudor frío corre por mi espalda y me encojo de hombros. Detrás mío estaba la bestia que me había atacado, y había dejado la roca con la que podría defenderme en el suelo para recoger el trozo de carne. No había más que hacer, debía enfrentarlo sea cual fuere mi destino. Dándome por vencido, lentamente doy la media vuelta, y lo que veo me deja sorprendido.
En un sillón viejo, roto y deshilachado, un gato enorme, gordo y feo, está echado con un cinismo y una flojera digno del más pesimista. Sobre su barriga tiene los restos de lo que alguna vez fuera un ser alado y un desorden de plumas enmarcan lo que veo.
-¿Quién eres y por qué me has traído a este lugar?- Pregunto incisivamente.
-No te preocupes, no te haré daño. Esta es mi casa y he pasado tanto tiempo solo que no recuerdo mi nombre. Salí a buscar algo de comer y te vi tirado en la arena del desierto, y como supuse que no eras de por aquí te seguí por un tiempo. Los devoradores de arena están muy hambrientos en esta temporada de migración, así que la manera más rápida y sin contratiempos para salvarte fue arrastrándote hasta aquí sin presentaciones previas.- Respondió en un tono irónico y desenfadado, típico de un héroe que no espera fanfarrias por hacer lo que es su deber.
Las palabras del gato me tranquilizaron. Advertí que por el momento y hasta averiguar más de la situación, no debía temerle. Al final de cuentas y si es verdad lo que dice, él me había salvado.
-Ven, ya amanece- Me dijo.
-Te mostraré mi mundo de allá afuera. Sígueme... (continuará)