Existe un ser en este planeta dotado de enormes súper poderes. Capaz de soportar cualquier dolor; puede multiplicarse y realizar varias tareas a la vez. Cocina, barre, lava, sacude, plancha, trabaja (como si lo anterior no fuera suficiente), educa, ama, en fin… este ser es la madre.
Y cualquier descripción se quedaría corta al tratar de describir las capacidades que adopta una mujer inmediatamente de dar a luz y convertirse en madre. Incluso antes, durante el embarazo.
Desde el momento de la gestación, esos 9 meses (o menos) en los que todo cambia. Su figura, su humor, sus cuidados, su alimentación, sus hábitos y hasta su belleza. Una mujer embarazada luce una belleza especial, divina.
Su cabello se ve radiante, su piel tersa y suave. Luce una sonrisa angelical y sus mejillas adquieren un tono rosado que envidiaría cualquier marca de cosméticos. ¡Y sus ojos! Brillan como la luna misma y reflejan toda la felicidad de saber portadoras de una nueva vida formada de su propia carne, alojada ahí en sus entrañas por la protección que sólo una madre puede darle.
E iluso aquel que piense que es todo. No. Llega el día de dar a luz. Situación traumática para cualquier hombre. Nos duele de tan solo saber lo que sucederá, sudamos. Quienes acertamos en la decisión de entrar a quirófano a presenciar el nacimiento de un hijo, sabemos que no hay montaña rusa, bungee o situación extrema que imite siquiera un poco al sentimiento de emoción y adrenalina al ver como el médico trae al mundo a quien a partir de ese momento se convertirá no en una carga, eso jamás, sino en el impulso de amor y motivación para seguir luchando.
Los bebés no traen torta bajo el brazo. Traen un buffet de oportunidades, de razones para ser mejores personas. Dicen acertadamente, que no hay escuela que enseñe a ser padres. Eso es cierto. Pero sin duda un hijo(a) es el mejor maestro(a). Si nos tomamos el tiempo de observarlos, veremos las grandes lecciones que un bebé trae para nosotros, y muchas veces lo ignoramos creyendo equivocadamente que un pequeño no tiene nada que enseñarnos.
Si llora inconsolable porque tiene hambre, tan sólo quiere decirte que debes atender las cosas importantes. Organiza tus prioridades, no pierdas el tiempo en estupideces.
Si lo único que quieres es que lo abraces, pon atención. A su manera te dice que es mejor sentirse en la seguridad de quien te ama.
Y cuando al ver una mariposa, corre, grita, brinca y va en busca tuyo cuando estás muy ocupado leyendo el periódico o viendo la televisión, te invita a que admires los detalles de la vida, a que experimentes el asombro y valores la simplicidad de las cosas. Y así, incontables lecciones de vida.
Mi gratitud total y sincera a las madres. Su fuerza y amor incondicional es lo trae esperanza a los pueblos, y su producto lo que llena de inocencia, alegría y oportunidad al mundo que se ha perdido en el juego de querer ser adulto y dejar de ser niño.
El 10 de mayo es sólo un día, pero una madre es para siempre.