En esta ocasión, no escribiré sobre mi pasado. No voy a platicarles de mis andanzas de adolescente ni de mis actos rebeldes. Esta vez, recordaré y comparto con ustedes, el último mail de mi padre. Correo electrónico que recibí veinticuatro días después de volverme padre de mi primer hijo, y tres días antes de la muerte de quien me diera la vida.
“Para quien es padre o madre y para aquellos que lo serán...Hay un período en que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos. Ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida, con una estridencia alegre y a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, ¡Crecen de repente!
Un día, se sientan cerca tuyo y con increíble naturalidad, te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos temblorosos e inseguros, creció... ¿Cuándo fue que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, los juegos en la arena y los cumpleaños con payasos?
Crecieron en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.
Ahora estas ahí, en la puerta de la disco, esperando ansioso, no sólo que no crezca, sino que aparezca...
Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines, con sus pelos largos y sueltos.
Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas; en las esquinas, con el uniforme de su generación y sus incómodas mochilas en la espalda.
Y aquí estamos nosotros, con el pelo cano...
Y son nuestros hijos; los que amamos a pesar de los golpes de los vientos, de las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y las dictaduras de las horas. Ellos crecieron observando y aprendiendo con nuestros errores y nuestros aciertos; principalmente con los errores que esperamos no repitan...
Hay un período en que los padres vamos quedando huérfanos de hijos; ya no los buscamos en las puertas de las discotecas y los cines.
Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet, la natación... Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.
Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a piscinas y reuniones con amigos, sin faltar las navidades. Había grandes peleas en el auto por la ventana, los pedidos de chicles y la música de moda. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres se volvió un esfuerzo y sufrimiento pues era muy difícil separarse de los amigos y los primeros novios.
Queda esperar:
En cualquier momento nos dan nietos. El nieto es ahora de cariño ocioso y estancado.
Por eso los abuelos son tan desmesurados. Y se descontrolan tanto con la expresión de cariño. Los nietos son la última oportunidad de re-editar nuestro afecto.
Por eso es necesario hacer alguna cosa más antes de que crezcan.
Sólo aprendemos a ser hijos cuando somos padres...”
Recibido el 02.10.2009
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