25 de agosto de 2011

Sueña despierto, vive soñando.


Un tenue pero lúcido rayo de sol se cuela entre los pliegues de la cortina y me pegan en el rostro. Son las 7:23 de la mañana y abro los ojos entre cánticos de aves que revolotean enérgicos en el cielo puro tras la lluvia nocturna.

Me visto y bajo a la cocina para calentar un poco de agua en la lumbre y prepararme mi café. Me despido y tomo mi bicicleta para recorrer las calles que van repletas de otros ciclistas, caminantes, gente a caballo y mulas, todos en camino a sus actividades cotidianas. La gente se saluda, platica en sus trayectos, se respira cordialidad.

Treinta minutos después, y eso porque es de bajadita, llego a mi oficina a trabajar. El ambiente es adornado por las notas del maestro Bindu que salen de su saxofón. Abro mi ventana para dejar entrar el tibio viento del sur y el olor a vegetación del hermoso Jardín Corregidora.

 Se cumple mi horario laboral, y espero sentado en la banqueta bajo una enorme Primavera la llegada de mi esposa e hijos. El mayor pedaleando apenas su triciclo y su madre a pie con la pequeña atada a su regazo por un moderno reboso. Y así juntos los cuatro, recorremos las calles de Colima de vuelta a nuestro hogar, para pasar una tarde llena de brincos, juegos de pelota y castillos de tierra.

Despierto.

Son las 8:30, me levantó de un brinco de la cama al ser tarde para ir a trabajar por desvelarme viendo televisión. Me visto rápido y los niños lloran en la sala mientras mi esposa prepara el desayuno. Un carrereado beso a los niños y subo al auto. Como de costumbre hay un trafical. Los cafres colándose, pitando y mentado madres. Parada rápida al Kiosko por mi “café” de maquinita y llego algunos minutos tarde a la oficina. La recepcionista me mira con cara de poco a amigos.

Es un día caluroso, así que enciendo el aire acondicionado y mi computadora. Entra la primera llamada a mi celular del día. Checo mi bandeja de entrada en mi email, Facebook y el Twitter. Y comienza un día laboral maratónico…18:00 horas, hora de la salida. Apago todo y hago checkout. De vuelta al caudal motorizado, recoger a los niños y llegar a casa. Caliento la cena en el micro, los niños quieren ver Toy Story por milésima vez en la semana. Suena mi celular, es un cliente. Suena el teléfono de casa, es mi suegra… y de repente, es tarde otra vez y me quedo dormido.

Abro los ojos… miro el reloj, solo que en esta ocasión, ya no sé si desperté o sigo dormido.

Twitter @RodMndz

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